25 AÑOS DEL “RIFLE SANITARIO”: LA AFTOSA QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE A ARTIGAS
Este año se cumplen 25 años del “rifle sanitario”, uno de los episodios más recordados y dolorosos para el sector agropecuario de Uruguay. La aparición de la fiebre aftosa en Artigas en octubre de 2000 marcó un antes y un después para miles de familias rurales y para toda la producción ganadera nacional.
El foco inicial comenzó en Colonia Rivera, y en cuestión de horas se desató una de las operaciones sanitarias más grandes en la historia del país. La misma noche en que se confirmó el brote, el 23 de octubre, fueron sacrificados 74 animales. Meses más tarde, la cifra superaría los 20.000 sacrificios, en una drástica medida para frenar la expansión del virus.
Los primeros indicios surgieron el 22 de octubre, cuando el médico veterinario Alfredo Acosta detectó signos compatibles con la enfermedad en una chacra de la zona. Al día siguiente notificó al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que activó un protocolo urgente. Los análisis realizados en Montevideo confirmaron la peor noticia: aftosa en Artigas.
En ese momento, la vacunación no era obligatoria, por lo que la única estrategia posible fue el sacrificio masivo de animales para aislar el foco. Las tropas del Ejército Nacional de Uruguay, helicópteros, tanquetas y efectivos armados llegaron al departamento en cuestión de horas.
La ciudad y la zona rural se transformaron en un escenario de guerra sanitaria. Colonia Rivera quedó sitiada: nadie entraba, nadie salía.
El operativo y las primeras horas
En los primeros días, el entonces presidente Jorge Batlle tomó contacto directo con los protagonistas en el territorio. Llamó al doctor Acosta para intentar determinar el origen del brote.
Se sospechaba que el conocido productor Ike Arbiza podría haber introducido la enfermedad por compras fronterizas irregulares. “Esto no puede ser gratis”, dijo Batlle en su momento. Acosta, sin embargo, negó cualquier responsabilidad de Arbiza.
Mientras tanto, el dirigente rural expresidente de la Federación Rural y Jefe de Tazación en ese entonces, Jorge Riani, junto con personal militar y técnicos del ministerio, inició un recorrido por los establecimientos.
El sacrificio de animales era inminente. Se tasaban vacas, ovejas, cerdos y aves, y se pagaba a los productores el valor de cotización del día anterior al anuncio, porque tras confirmarse el brote los precios se desplomaron.
Tragicomedia en el barrio Cala
Entre las historias más recordadas de aquellos días hay algunas tragicómicas. Riani relató lo ocurrido en la zona de Andrés Cheveste, barrio Cala. Una familia se resistía a entregar sus animales: la esposa y la abuela lloraban porque tenían nombre, eran como sus mascotas. Finalmente, el productor aceptó la tasación y dijo entre sollozos: “Me voy a comprar una moto”.
Pero cuando los animales llegaron al centro de sacrificio, las autoridades comunicaron que esa zona no estaba incluida en el plan. Tuvieron que devolverlos. El problema: la motocicleta ya estaba comprada. El hombre, entre risas y lágrimas, no sabía cómo iba a pagarla.
Cuando la desesperación tocó la puerta
No todas las historias tuvieron un matiz de humor. Hubo momentos de desesperación profunda. En una recorrida, un equipo encontró a un hombre a punto de quitarse la vida. Había perdido todo: su ganado, su trabajo, su sustento. Fue necesario que tasadores, militares y funcionarios del ministerio actuaran como psicólogos improvisados. Lograron convencerlo de desistir. Aceptó la indemnización y con el tiempo pudo reconstruir su vida, criar a sus nietos y seguir adelante.
Faustina, la mujer que cruzaba los controles
Otra historia que quedó grabada en la memoria es la de Faustina, la única persona que, gracias a un permiso especial del Regimiento “Guayabos” de Caballería N.º 10, pudo entrar y salir de Colonia Rivera durante el sitio sanitario.
En ese momento, la zona estaba completamente aislada. Muchas familias no tenían acceso a alimentos. Gracias a su insistencia, Faustina pudo alimentar a sus gallinas y cuidar los pocos animales que quedaban. Entre lágrimas recuerda cómo veía a las vacas cruzar sin saber que iban al sacrificio. Muchas parían en el trayecto; sus crías también eran sacrificadas por el Ejército.
Un año bajo sitio
Fue un tiempo de dolor, aislamiento y tristeza profunda. Durante más de un año, Artigas estuvo sitiada, separada del resto del país, con controles militares en cada acceso y un silencio inusual en los campos.
En abril de 2001, el presidente Batlle, en Estados Unidos reunido con George W. Bush, pidió ayuda internacional para enfrentar la crisis. El “rifle sanitario” no solo marcó a Artigas: cambió la forma en que el país enfrentó las emergencias sanitarias.
Memoria viva
Para algunos, el tiempo ha borrado la intensidad de esos días; para otros, jamás será olvidado. La aftosa no solo diezmó rodeos: rompió rutinas, separó familias y marcó generaciones.
Este documental busca mantener viva la memoria de quienes lo vivieron en carne propia, rescatar sus voces y poner en contexto un hecho que transformó al país entero.
Fue el año en que Artigas quedó aislada, el año en que el campo uruguayo enfrentó uno de sus mayores desafíos, y el año en que miles de personas demostraron que, incluso en medio de la tragedia, la resiliencia también forma parte de nuestra identidad.
🎬 Participan: • Dr. Alfredo Acosta • Ing. Jorge Riani • Faustina Fernández • Marcos Taborda
📼 Material de archivo: Canal 3 (año 2000) 🎞️ Restauración: Lic. Leonardo Olivera – Proyecto RebobinArte 📍 Producción: Artigas Noticias – Octubre 2025
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