Tenía 21 años, un bolso y una decisión que podía cambiarle la vida. Desde Baltasar Brum, en el departamento de Artigas, Diego Alfonso dejó atrás el pueblo donde había crecido y emprendió viaje hacia Montevideo con más incertidumbres que certezas.
No tenía una gran estructura detrás, ni sabía exactamente qué iba a encontrar. Tenía, eso sí, muchas ganas de salir adelante.
Más de dos décadas después, aquella decisión terminó convirtiéndolo en uno de los peluqueros más reconocidos de Uruguay. Su nombre dejó de ser solamente el de un joven que llegó desde el interior y pasó a convertirse en una verdadera marca personal dentro del mundo de la belleza, la televisión, la moda y los espectáculos.
Hoy, con 44 años, Alfonso ha trabajado junto a algunas de las figuras más importantes del Río de la Plata. Entre sus clientas y trabajos aparecen nombres como Natalia Oreiro y Susana Giménez, además de participaciones en grandes producciones y en cinco temporadas de la Fashion Week de Nueva York.
Pero detrás de las celebridades, las cámaras y las pasarelas existe una historia mucho más sencilla: la de un muchacho del interior que se fue a Montevideo sin saber siquiera si al mes siguiente podría pagar dónde vivir.
DE BRUM A MONTEVIDEO
Diego no llegó a la peluquería porque desde niño soñara con ser peluquero. Todo lo contrario.
Su primer acercamiento a ese mundo estuvo marcado por una necesidad concreta. Antes había probado con la cocina, pero el camino no funcionó. Entonces apareció la peluquería.
Y algo cambió.
Con el tiempo descubrió que aquello que había comenzado como una forma de ganarse la vida podía transformarse en una profesión y, finalmente, en una pasión.
La historia de su llegada a Montevideo tiene mucho de aventura. Un bolso, 21 años y una enorme necesidad de construir un futuro diferente.
Para alguien nacido y criado en Baltasar Brum, dar ese paso significaba mucho más que cambiar de ciudad. Era dejar atrás lo conocido para enfrentarse a un mundo completamente nuevo.
EL NOMBRE QUE EMPEZÓ A ABRIR PUERTAS
Con trabajo y perseverancia, Diego fue construyendo su lugar.
Primero llegaron los clientes, después los desafíos cada vez mayores y, finalmente, las oportunidades que lo llevaron a trabajar con personalidades que hasta entonces veía desde lejos, a través de una pantalla.
Uno de esos grandes nombres fue Natalia Oreiro.
Trabajar con una artista de semejante reconocimiento significó una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad para seguir aprendiendo. Alfonso encontró en ella una profesional exigente, pero también generosa, y con el paso del tiempo aquella relación laboral terminó convirtiéndose en un vínculo cercano.
El trabajo en televisión y en grandes producciones le permitió conocer desde adentro un universo completamente diferente al de una peluquería tradicional.
En un rodaje, las horas compartidas terminan generando vínculos. El equipo de maquillaje, vestuario y peluquería acompaña a los artistas durante jornadas enteras, durante semanas o incluso meses.
Y allí Diego fue consolidando un lugar propio.
CUANDO EL TELÉFONO MOSTRÓ LA FOTO DE SUSANA
Otra historia que difícilmente pueda olvidar ocurrió cuando recibió una convocatoria para trabajar con Susana Giménez.
En plena época de pandemia, llegó la oportunidad de peinar a una de las figuras más importantes de la televisión argentina.
Pero hubo un momento que quedó grabado de una manera particular.
Mientras trabajaba en la peluquería, su teléfono comenzó a sonar. Al mirar la pantalla apareció la fotografía de una rubia.
Por un instante pensó que alguien estaba haciendo una broma utilizando la imagen de Susana Giménez.
Atendió.
Del otro lado estaba Susana.
La sorpresa fue tal que le costó hasta hablar con naturalidad.
Con el tiempo, aquel trabajo también se transformó en una experiencia que recuerda con enorme cariño.
DE URUGUAY A NUEVA YORK
Pero la carrera de Alfonso no quedó limitada a Uruguay.
El peluquero de Baltasar Brum llegó también a uno de los escenarios más competitivos de la moda internacional: Nueva York.
Su primera experiencia en la Fashion Week fue, según recuerda, un verdadero choque con otra realidad profesional.
Decenas de peluqueros, muchísimos maquilladores y una competencia enorme por conseguir trabajar con las modelos.
En Uruguay, la dinámica era completamente diferente. En Nueva York, había que llegar temprano, encontrar un lugar y ganarse la posibilidad de trabajar.
La primera vez sintió miedo.
Después aprendió.
Y volvió.
Cinco temporadas participó en la Fashion Week de Nueva York, adquiriendo una experiencia que terminó siendo otro capítulo fundamental en su carrera.
EL ORGULLO DE UN PUEBLO DEL INTERIOR
La historia de Diego Alfonso también habla de esos miles de jóvenes del interior que alguna vez hicieron una valija y se fueron a la capital buscando una oportunidad.
En su caso, aquel viaje comenzó en Baltasar Brum, un pequeño pueblo del departamento de Artigas.
Más de 20 años después, su nombre aparece relacionado con grandes figuras, producciones televisivas, moda y escenarios internacionales.
Pero el origen permanece.
El mismo muchacho que salió de Brum con 21 años, un bolso y muchas ganas de cambiar su vida terminó construyendo una carrera que lo llevó desde una peluquería uruguaya hasta trabajar con algunas de las mujeres más famosas del espectáculo rioplatense y en una de las semanas de la moda más importantes del mundo.
Diego Alfonso es, en definitiva, una historia de perseverancia nacida en el interior.
Una historia que comenzó en Baltasar Brum y que demuestra que, muchas veces, para llegar lejos primero hay que animarse a dar el primer paso.

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🖥️ Redacción Artigas Noticias
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