𝗔𝗻𝗮 𝗖𝗮𝗿𝗯𝗮𝗹𝗹𝗼 𝗕𝗮𝗿𝗿𝗼𝗻, nacida en Artigas, logró clasificar y completar una de las carreras más exigentes del mundo, destacándose además por su compromiso solidario dentro del running.
En una historia de esfuerzo, disciplina y pasión, Ana Carballo Barron, artiguense de nacimiento, fue protagonista de una verdadera hazaña deportiva al participar en el reconocido Maratón de Boston, en Estados Unidos, considerado el más antiguo y uno de los más exigentes del mundo.
Nacida y criada en Artigas, donde vivió hasta los 18 años en la zona de Misiones y Luis A. de Herrera, Ana se radicó luego en Montevideo para continuar sus estudios, ciudad en la que formó su vida. Hoy, con 54 años, es madre de un adolescente y trabaja como encargada en una empresa, cumpliendo una exigente carga laboral de 44 horas semanales.
Sin embargo, hace más de 20 años encontró una pasión que transformó su vida: correr. Desde entonces participa en carreras de calle de distintas distancias, encontrando en esta actividad no solo bienestar físico y mental, sino también una fuente constante de energía, amistades y experiencias enriquecedoras.
“Correr me ha dado salud, amigos que son como hermanos, la posibilidad de viajar y conocer culturas distintas, pero siempre con el mismo hilo conductor: correr”, expresó.
Desde hace 18 años integra el equipo Halcones Uruguay, un grupo que además de competir, desarrolla una importante labor solidaria. Sus integrantes están capacitados en reanimación cardiopulmonar y brindan asistencia en caso de emergencias durante las carreras. También cumplen el rol de “pacers”, ayudando a otros corredores a alcanzar sus objetivos de tiempo mediante acompañamiento, motivación y asesoramiento.
El compromiso social del grupo va aún más allá, ya que organizan anualmente una carrera solidaria cuyos fondos son destinados a la Fundación Pérez Scremini y a EMUR, apoyando a niños con cáncer y a personas con esclerosis múltiple.
El pasado lunes 20 de abril, Ana vivió el punto más alto de su trayectoria deportiva al participar en el Maratón de Boston, una competencia de 42,195 kilómetros que exige clasificación previa mediante tiempos específicos según la edad.
“La preparación llevó seis meses de entrenamiento, alimentación cuidada, descanso y preparación física. Fue un proceso muy exigente”, relató.
Ana logró clasificar y representar a Uruguay junto a una delegación compuesta por tres mujeres y quince hombres. Su desempeño fue destacado, obteniendo el segundo mejor tiempo entre las damas uruguayas.
“Fue mi gran hazaña, lo viví como si fueran miles de kilómetros. Le digo el altar del maratón, porque estar ahí es algo único”, afirmó emocionada.
Lejos de terminar agotada, asegura que cruzó la meta con energía y alegría: “Llegué con ganas de bailar y con la motivación de volver a clasificar para el próximo año”.
Finalmente, destacó el apoyo fundamental de su entorno: su pareja, su hijo y su familia, quienes la acompañaron en todo el proceso para hacer realidad este sueño.
Una historia que inspira y que demuestra que la pasión, el esfuerzo y la solidaridad pueden llevar a cumplir metas que parecen imposibles.
En la misma jornada, que quedará grabada en los anales del atletismo mundial, el keniano John Korir se consagró campeón de la 130.ª edición con un tiempo extraoficial de 2:01:52, mientras que la keniana Sharon Lokedi ganó en la categoría femenina por segundo año consecutivo, registrando 2:18:51 y consolidando su dominio en el circuito.

















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